De libros y no lectores

Por Jhonny López A.


Obsequiar un libro a quien no lee, obviamente que con el aleve propósito de que lo lea implica más conocimiento sobre esa persona, que si le entregáramos cualquier otro presente.

A diferencia de las prendas, lociones, perfumes, elementos decorativos, que pueden ser trocados, otra vez regalados o aceptados a regañadientes, un libro en manos de quien no los ama, puede constituir una afrenta y el consecuente pretexto despreciativo cargado de esquirlas disparadas para sembrar culpa: “Saben que no leo”.

Pero nosotros, los lectores, anhelamos que quienes gravitan en nuestros afectos tengan esta maravillosa pasión, y por eso, sólo por pálpito, nos atrevemos a comprarles un libro. Nos mueve la ilusión pura que una obra escrita los lleve también a escalar sobre miles y miles de páginas y que, aferrándose a millones de frases, puedan llegar libres, a esa cima, en donde es posible imaginar el mundo de lo inimaginable.

Hay que seguir en el intento. Para lograrlo, debemos preocuparnos por descifrar que hay entre líneas en la vida de quienes nos rodean. Así estaremos cerca de regalarles el libro justo y a la medida de sus necesidades.

Regalemos un libro con la doble intención de que lo lean.


Comentarios

Ana Ayte Chavez ha dicho que…
indudablemente un libro es el mejor regalo,sin embargo al entregarlo debemos acompañarlo con unas breves pistas para asegurarnos que el que recepciona el libro quedara fascinado y continuara con la lectura. un abrazo Anita Ayte